domingo, 16 de marzo de 2008

YA VIENEN LOS GOLES DE CUBILLAS


“Si volviera a nacer escogería al Perú como mi país, al fútbol como profesión y a Alianza de Lima como mi equipo”. Lo ha dicho repetidas veces, enmarcando sus palabras en una sonrisa franca, poblada de dientes enormes y relucientes que hicieron las delicias de los caricaturistas peruanos de los años setenta.
El ‘Nene‘ Teófilo Cubillas reafirma con esa sonrisa incontestable su fama de chico correcto, de jugador brillante pero juicioso, de ejecutivo de éxito nacido en un humilde barrio limeño, si bien su inteligencia ha terminado por llevarlo a residir y trabajar en Fort Lauderdale (Florida).
Su nombre se hizo un lugar en la historia del fútbol mundial, sellado por la firma del legendario Pelé, quien lo incluyó en la famosa y polémica lista del centenario de la FIFA que nominaba a los cien mejores jugadores de todos los tiempos. Cubillas posó para el lente del fotógrafo Badulescu, como parte del libro y la exposición itinerante que se inauguró en el 2004, y que recorrerá diversos escenarios hasta fines de este año.
Las estadísticas de la FIFA también guardan su nombre entre los máximos goleadores de todos los Mundiales. Sus diez goles, en México’70 y Argentina’78, le hacen compartir el séptimo lugar en la historia, acompañado de Batistuta, Lineker, Rahn y Lato.


‘El Nene’ nació un día de 1949 en Las Victorias, barriada de la localidad de Puente Piedra, en la conurbación de Lima. Su pasión por el equipo del que se declara hincha acérrimo – el Alianza —le viene desde pequeño, pues se formó en su cantera. Antes de ello peloteaba en un equipo de barrio, donde ya era la estrella. Un día fueron a probar suerte al Alianza, con la esperanza de ser ‘descubiertos’. Encajaron siete goles y, aunque Cubillas logró marcar el gol del honor, quedó decepcionado pensando que no tendría ninguna oportunidad de ser convocado. Se equivocaba. Al día siguiente fueron a buscarlo de las divisiones inferiores del Alianza. En su primer partido en el club ganaron seis a cero. Él metió los seis goles.
Su carrera recibió un empujón inesperado. Su pericia con el balón se hizo conocida y le permitió saltarse todos los pasos que le separaban de Primera División. Debutó como profesional con tan sólo 16 años. Era un jugador ágil, no sólo físicamente sino por la inteligencia con que concebía cada una de sus jugadas. Sin problemas para encarar al rival en el regate -ideal en los espacios cortos- y deshacerse de él aprovechando su rapidez y precisión con el balón. Estas cualidades le dieron también una merecida fama en las faltas directas, y sus tiros de media y larga distancia se volvieron un espectáculo aparte.
A pesar de las habilidades y éxitos precoces, eso del fútbol no pintaba un futuro seguro, al menos para su familia. Cubillas había crecido en un entorno sencillo pero con aspiraciones, decidida a hacer los sacrificios necesarios para asegurar un porvenir profesional al chico. Y para eso, ante todo, había que estudiar. El ‘Nene’, con vocación diplomática, hizo un buen trato con sus padres: él no abandonaría los estudios y ellos le dejarían jugar fútbol. Se graduó de contable para no romper el pacto, pero jamás ejerció: con el balón como profesión tuvo suficiente para cristalizar los sueños de la familia entera y por supuesto los suyos.


“Y ahora... los goles de Cubillas”

A mediados de los años 80, cuando ya el balompié y la economía peruana empezaban a declinar inevitablemente, los programas cómicos imitaban sin piedad a Pocho Rospigliosi, un conocido periodista deportivo quien, para cambiar de tema -fuera el que fuera-, invitaba a ver de nuevo los goles de Cubillas.


Los viejos y gloriosos goles de Cubillas, que se iban perdiendo en el pasado, en el mito de “cuando teníamos un gran fútbol”.
En ese fútbol mítico apareció Cubillas para convertirse en su símbolo, y en el símbolo del gol. El mismo año de su debut como profesional necesitó tan sólo cuatro meses para firmar 26 tantos y convertirse en el mayor depredador de aquella liga. En 1968, a los 19 años, debutó en la selección nacional dirigida por el brasileño Didí. Destacó en un combinado brillante que, en su camino al Mundial’70 dejó atrás al seleccionado argentino. Sería en aquel torneo de México donde empezaría realmente el camino a su consagración.
Los goles de Cubillas tenían calidad y contundencia, instinto. Con la ‘blanquirroja’ convirtió 45 goles (incluyendo oficiales y amistosos). Al equipo de sus amores, al Alianza, le regaló 295.
Los más preciados son quizás los que convirtió en los Mundiales, puesto que le dieron su posición preeminente en la historia. En 1970 marcó cinco goles, dos contra Marruecos y uno por partido frente a Bulgaria, Alemania Occidental y Brasil. Cuatro años después conseguiría otras cinco dianas: dos contra Escocia y tres contra Irán, sumando en total una decena de goles mundialistas. En aquel momento se situó como el quinto máximo realizador de todas las Copas del Mundo.
Entre ambos Mundiales, Cubillas desarrolló lo mejor de su carrera. En 1972 fue elegido ‘Jugador del Año en Sudamérica’, superando a Pelé, Jairzinho, Perfumo y Ademar Da Guía. Aquel año, el ‘Nene’ firmó un contrato para unirse al año siguiente al FC Basilea de Suiza por 97,000 dólares. Fue una estancia breve, de sólo seis meses, que le abrió las puertas del Oporto. Tras dos temporadas en el club luso, en 1975, regresó a Perú, para protagonizar la segunda Copa América cosechada por Perú. La memoria popular recuerda especialmente los dos goles marcados en el triunfo sobre Brasil (3-1) en semifinales.

Se enroló una vez más las filas del Alianza. Ahí formó una dupla de oro con el ‘Cholo’, Hugo Sotil. Cubillas y Sotil compiten por el puesto de mejor jugador del futbol peruano.
Personalidades tan dispares podían sin embargo entenderse de modo genial en un campo de fútbol, como demostraron en Europa en un amistoso frente al Bayern de Beckenbauer (1-4).

Mientras Sotil se diluía por derroteros accidentados, bohemios y malgastadores, Cubillas forjaba una imagen de empresario de éxito, correcto y funcional, cuya racionalidad le llevó a mirar en los años ochenta hacia la North American Soccer League (NASL). Así, en 1979, rayando la treintena, Cubillas se integró la larga nómina de estrellas mundiales que competían en la NASL (Pelé, Beckenbauer, Chinaglia, Best, Carlos Alberto o Neeskens).
Cubillas se incorporó a los Fort Lauderdale Strikers, jugando después en los Sun de Miami.
En 1988, con 40 años, Teófilo decidió volver temporalmente al fútbol peruano para ayudar a su equipo, Alianza, a superar el trágico accidente aéreo que se saldó con las vidas de toda la plantilla. Fue, sobre todo, un espaldarazo moral para el equipo, por parte de uno de sus referentes simbólicos más importantes. Acabó su carrera de futbolista profesional en 1989.
En la actualidad, “Nene” aún mantiene el récord de ser el máximo goleador de la selección peruana en los mundiales, anotando 10 goles en tres participaciones en Copas del Mundo (México 70, Argentina 78 y España 82 ). Fue nombrado mejor jugador del año en Sudamérica en 1972 y oscila entre los 11 mejores jugadores de todos los tiempos, según la revista argentina El Gráfico.
El pasado 8 de marzo cumplió 49 años de edad y lo celebró al calor del clan Cubillas entero en los Estados Unidos vaya esta semblanza para saludar en su onomastico a quien para mí es el mejor deportista peruano de todos los tiempos.

No hay comentarios: